19 septiembre 2014

Esclavos de Consolación... y peregrinos.

La tarde pasada con Consolación González Rico nos dejó un buen sabor de boca, habíamos comprado su novela "Esclavos de un motivo" para que nos la firmase, y en el Encuentro también habló de ella, la primera novela que escribió, su paso por la edición nº 50 del Premio Planeta, la alegría que supuso que quedara entre las diez finalistas... Todo esto nos decidió a paralizar las lecturas programadas y leerla.
La verdad es que cuando conoces a quien ha escrito el libro que estás leyendo, la cosas se ven de otro modo. Primero, porque te ha proporcionado muchos datos, personales y sobre todo de su proceso creativo y segundo, porque aplicamos toda esa información -sin querer- a la lectura de la obra. Luego, cuando hablamos sobre lo que vamos leyendo, surgen comentarios como: "...yo creo que esto tiene relación con aquello que ella dijo sobre cuando...", es como si pudiéramos comprender mejor lo que ha escrito, como si nos fuera más sencillo ir más allá de lo que leemos.
 La novela en general nos ha gustado mucho. Consolación tiene un punto de exquisitez al utilizar el lenguaje que hace disfrutar enormemente al lector. Es elegante, sencilla, sutil. Describe muy bien los personajes por fuera y los define aún mejor por dentro... En nuestro Club, ya somos esclavos de Consolación.

 Después retomamos la lista de lecturas y comenzamos con "El peregrino" de Jesús Torbado, de nuevo sumergidos en el mundo medieval, mientras recorríamos el Camino de Santiago de la mano de su protagonista: conventos, posadas y monasterios, picaresca, tráfico de reliquias, superstición mezclada con religión... Una prosa exquisita y cuidada, complementada por una documentación pormenorizada y rigurosa. Toda una curiosidad literaria -nos pareció- este XXV Premio Ateneo de Sevilla que -desde luego- merece la pena leer.
Ya sólo nos quedaba -o eso parecía- la ultima lectura, la que sería la protagonista del Encuentro de Clubes de Lectura de este año.
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