Como cada año, comenzando octubre, retomamos nuestra actividad, pero en esta ocasión tuvimos que comenzar adoptando una decisión: cada vez nos resulta más difícil encontrar lotes de libros en nuestra red de bibliotecas de 25 ejemplares mínimos (que no hayamos leído ya), por lo que hemos tenido que optar por dividir el grupo en dos y reunirnos alternativamente cada quince días. Esta opción no fue acogida con entusiasmo, pero la necesidad nos obligaba a ello.
Comenzamos por tanto leyendo en uno de los grupos "El fin de los buenos tiempos", una de las primeras obras dentro de la considerable producción de Ignacio Martínez de Pisón. No se trata de una novela sino de tres relatos largos (o tres novelas cortas) que tienen en común, el tema de la culpa en las relaciones familiares. ¿Quién no se ha sentido alguna vez un mal hijo o un mal padre...?. En este libro tenemos tres historias, tres padres, alguna madre, una hija, dos hijos, un perro, bastante resentimiento, demasiada culpa y dolor, mucho dolor.
A día de hoy, está demostrado que Martínez de Pisón es uno de nuestro mejores narradores, con una obra muy sólida a sus espaldas; sin embargo en este título tan cercano al principio de su carrera, aún no se le siente en toda su plenitud, por lo que tendremos que repetir en un futuro nada lejano.
En el otro grupo repartimos "El río que nos lleva" de José Luis Sampedro, todo un clásico de nuestra literatura del siglo XX, y un autor del que todavía no habíamos leído nada en nuestro club, por lo que ya íbamos con retraso.
La novela se desarrolla en la década de los años 40 y nos narra la labor que desempeñaban los gancheros transportando los troncos de madera, "la maderada", desde la Serranía Ibérica, en Guadalajara, hasta llegar a la vega de Aranjuez, un trabajo que vio desempeñar el autor en su juventud y cuya imagen se le quedó grabada y le impulsó a rendirles un homenaje en esta novela. Con estas apreciaciones, quizás podríamos pensar que vamos a encontrarnos simplemente con la descripción de un trabajo de hace años, pero lo que realmente el autor nos presenta es una historia con un gran contenido simbólico, en la que se entremezclan el amor, los celos, la traición, la soberbia, el honor... Toda la novela tiene un ritmo narrativo que va fluyendo al mismo tiempo que lo hace el río, con un lenguaje limpio, áspero, que parece adaptarse a la naturaleza.
Este título lo hemos leído en los dos grupos, porque no podíamos dejar pasar la ocasión de disfrutar de un texto que es toda un lección sobre la dignidad humana.
Hasta pronto.


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